
Creo firmemente en universos paralelos. No puedo aceptar que todas las posibilidades del Ser que no son, esas decisiones que no tomamos, esos caminos que no recorremos, esas puertas que no abrimos, no existan en algún lugar. Creo que el Arquitecto del Universo no dejó a nuestra realidad sola en una isla de éter para toda la eternidad sino que la colocó en un panal, por decirlo de alguna manera, donde cada hexágono es una realidad, un mundo, un universo con su coherencia y su caos correspondiente.
Para mi, y más que una creencia es una ensoñación teñida de certeza, existen infinitos universos paralelos. A su vez, existen niveles, incontables niveles de universos donde cada realidad se ubica entrelazándose con otras de mayor, inferior o igual categoría. Creo que un ejemplo ilustrará mejor mi delirio: supongamos nuestro universo. En su mismo nivel cohabitan infinitos universos parecidos en esencia y en forma al nuestro, separados entre si por lo que llamaré Pared Interdimensional; universos donde todo puede ser diferente o apenas cambiado, en donde yo puedo existir o no, o puedo ser mujer (pues en esta realidad soy hombre) o fantasma o emperador de un sistema interplanetario o profeta de una religión megalómana o simplemente yo pero con más pelo o menos paciencia. Son universos donde las líneas temporales convergen en varios puntos y por lo tanto lo que no pasó en un mundo ocurrió millones de veces en millones de mundos, donde ese camino que no tomé fue la muerte de un doble-mío, o su riqueza.
A su vez, este universo y todos sus universos gemelos son contenidos o derivados de universos superiores, y allí es donde entra la figura de Dios. El universo superior es o producto de “Dios” (llámenlo como uds. quieran o puedan) o el mismo Dios, siguiendo ciertas creencias panteístas. Pero lo singular es que Dios quizás no sabe o no comprende sobre su condición de divino ente; es que no está en nuestro mismo orden de cosas, está en un orden de realidad superior, como un soñador lo está por encima de su mundo onírico. Y, a su vez, el puede ser la creación de otro “Dios”, un eslabón más en una cadena casi infinita o, precisamente, infinita. Ya sea un soñador o un artista o en verdad un ser consciente de su creación, es decir, un dios en el sentido tradicional, que pensó y creó un mundo de la nada o del caos, igualmente él es un elemento más del Gran Universo, ese universo que contiene a todos los universos, un ladrillo más en el gran paredón de lo existente.
Y a su vez, dentro de nuestro universo, más bien derivados de él, como prolongaciones de inferior calidad, existen mundos que fundamentan su causa en un hecho o en una significación propia de nuestra realidad. Piensen en cualquier sueño que tuvieron en su vida. Piensen en esos seres oníricos que se movieron solo una noche, la noche en que los soñaron; una noche que pudo haber sido una eternidad para ellos( el tiempo es relativo, un segundo acá es miles de años en otros lugares) pero que para ustedes quizás ni siquiera existió o apenas la recuerdan, una noche perdida, repetida, insignificante. Esos son los mundos inferiores, todos esos mundos que son contenidos por nuestro universo.
El infinito contiene infinitos universos; nosotros estamos dentro de ese orden, dentro de ese conjunto contenido dentro de otro y conteniendo a su vez a otros conjuntos. El punto es en qué parte de la cadena estamos. En realidad no importa. El infinito es infinito, ergo, por encima nuestro nos observan dioses y demonios y entes (que a su vez son observados por otros dioses, por otros entes, así hasta lo interminable); y, a su vez, y sin darnos cuenta, nosotros mantenemos mundos y sociedades, creamos y finalizamos realidades, cerramos círculos y dibujamos líneas que devienen en planos secretos, soñamos con hadas y centauros y ninfas que respiran en universos tangibles, reales. Hay tantas cosas que no conocemos. Somos dioses ignorantes, ciegos, sordos. Pero también somos esclavos encadenados a una caverna oscura. Ese es nuestro mundo. Un mundo que parece inofensivo, pero que en realidad crea mundos y caos y hombres como nosotros que crean (dioses, ciudades, demonios, filósofos, estrellas, planetas, agujeros negros, etc.). Creo que es entendible este delirio.